La carencia


Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.


Alejandra Pizarnik 

Jesús Americano



Encontré al Jesús americano.
Lo tengo en mi poder, lo tengo secuestrado.
Estaba paseando por las calles del puerto y me lo topé
Pidiendo monedas para ir al estadio

Tengo al Jesús americano.
Bajaba desde un bar hacía el plan en medianoche.
Estaba preparando la previa para el carrete del fin de semana
Le dije que era martes, que se fuera para su casa.

Tengo al Jesús americano
Anda en Skate los días sábados
y los miércoles después de clases.
Tiró un hellflip el viernes santo
Se rió de la ironía con desgano.

Tengo al Jesús americano.
Huele bien y anda despeinado
Como un hippie que cuidadosamente detesta la moda
de a poco, con ternura.
Pero irremediablemente él se vuelve tendencia
Y tiende al suicidio
pero un suicidio cool
como una piscina llena de formaldehido
para que lo recuerden
bello
eternamente bello.

Somos el Jesús americano
Eres tú, soy yo.
Somos todos y ninguno.
Niños símbolos de la lucha de clases.
Estandartes del libre mercado.

Tengo al Jesús americano
me invitó a una peña
me compró un helado
quería hablarme de dios
lo patié por ahueonao.

El Relojero

Sostengo la fotografía en la mano.
Se trata de la fotografía de un hombre y una mujer que visitan un parque de atracciones, en 1959.
En doce segundos, dejo caer la fotografía sobre la arena que se encuentra a mis pies y me alejo.
Ya reposa ahí, en el suelo, a doce segundos en el futuro.

Ahora a diez segundos.

Sostengo la fotografía en mi mano.
La encontré en un bar en ruinas en la base de Gila Flats.
Hace 27 horas.

Aún sigue ahí, a 27 horas en el pasado, dentro del marco al interior del lóbrego bar.
Aún sigo ahí, mirándola.

Sostengo la fotografía en la mano.
La mujer sujeta una palomita de maíz entre los dedos pulgar e indice.
La Noria se detiene.

Ahora a siete segundos.

Octubre de 1985.
Estoy sentado en Marte.
Julio de 1959.
Estoy en Nueva Jersey, en el parque de atracciones Palisades.

A cuatro segundos.
A tres.

Ya me he cansado de mirar la fotografía.
La sujeto. La dejo caer sobre la arena que se encuentra a mis pies.

Voy a contemplar las estrellas.
Se encuentran tan lejos, y su luz tarda tanto en llegar a nosotros...

que lo único que llegamos a ver son viejas fotografías suyas.

Alan Moore en Watchmen





Rodrigo Fresán contaba que John Cheever proponía un ejercicio en sus talleres de escritura: el intentar redactar una carta de amor en medio de una habitación en llamas.

Allende lo hizo.
Su discurso final es una carta de amor escrita en una habitación en llamas.
En un palacio en llamas.
En un país en llamas.

Álvaro Bisama sobre Salvador Allende.

Repost: Usos y Desusos

La palabra como arma de guerrilla,
                           como impulso primordial del cambio fundacional.
La palabra como bomba de racimo que cae entre las tropas y despierta sus cabezas.

Como golpe más que como advertencia.
                                                   Como tortura más que redención.

La palabra como una polea, que levante el peso de los poderosos
                            y los deje caer donde más les duela.
Como una honda que me haga más David y menos Goliat.
     Como una porra que quiebra piernas y rompe ilusiones.

Como si fuera un desenlace,
                                como si fuera un alumbramiento.

Como una primigenia llama de comunicación,
                   y, a la vez,
            como una estocada asesina de falsas intenciones.
La palabra como una efímera pero definitiva victoria intelectual.
                         O como un error que podría romperte el corazón.
 Como una caricia que enamora hasta al más materialista.
Como un casquete que incluso después de utilizado, se puede volver a disparar.

La palabra como fuego.
                Como verbo y no como simple sustantivo.
                                                     Como acción que merece reacción
                                      La palabra en Claroscuros.
                La palabra Agridulce.

Como si fuera a nacer pero quisiera matar.

Así como, incluso sin proponérmelo,
                    aspiro utilizarla.

- a veces - horrible humanidad (Citas Quebradas N° 3)

Yo pienso que si uno pudiera llegar
  al fondo de sí mismo, pero
                sin autocompasión, sin
                          falsa solidaridad,
es posible que se encuentre
con el fondo de casi todos
       los seres humanos. 
 Los hombres y las mujeres no somos
mucho más que distintas
                                       metáforas
                                    de lo mismo,
y que de tanto en tanto,
           entre eso surgen
                                  monstruos,
                tipos asesinos
                               monstruosos,
pero que son parte de esta
          —a veces—
  horrible humanidad.
Raúl Zurita

Cuando grande quiero ser un poeta joven

Cuando grande quiero ser un poeta joven.
Quiero tener estilo, y ponerme ropa entretenida.
Quiero organizar hartas lecturas y enviar cadenas de mails con flyers llamativos.
Quiero editar mis revistas, editar mis libros, editar los libros de mis amigos y los libros de los amigos de mis amigos, que deben ser todos super buenos.
Quiero estudiar un doctorado, para decir que no soy un poeta académico.
Quiero ser marginal, para que me inviten a congresos de poetas marginales donde pueda conocer a otros poetas marginales, y viajar en avión.
Quiero hablar de lo difícil que es ser joven, y más encima un poeta joven, y más aún un poeta joven en Chile.
Ustedes no son capaces de imaginárselo.