Extranjero
Así que abrazo mis rodillas en un intento inverosímil de reconocer el terreno, de sentirme de nuevo parte de estas sabanas que saben a sal.

saqué mas cervezas y nos sentamos. el rumor de la radio del coche patrulla atravesaba las paredes. dos chavales de veintidós años con revólveres y porras iban a tomar una decisión inmediata basándose en dos mil años de cristianidad estúpida, homosexual y sádica.
no es extraño que se sintiesen a gusto con el uniforme, la mayoría de los policías son empleaduchos de clase media baja a quienes se les da un poco de carne para echar en la sartén y una mujer de culo y piernas medio aceptables, y una casita tranquila en MIERDALANDIA... son capaces de matarte para demostrar que Los Angeles tenía razón, le llevamos con nosotros señor, lo siento, señor, pero tenemos que hacerlo, señor.
dos mil años de cristianismo y ¿cómo acabamos? radios de coches patrullas intentando mantener en pie mierda podrida, y ¿qué más? toneladas de guerra, pequeñas incursiones aéreas, asaltos en las calles, puñaladas, tantos locos que llegas a olvidarlos, simplemente corren por las calles, con uniformes de policías o sin ellos.
Bukowski en "La máquina de follar"
Quiero inmolarme en frente a la estación central,
Escupirle en la cara a la fuerza policial.
Quemar las grandes alamedas donde no caminan más que idiotas,
todos sin memoria y llenos de miedo.
Quiero borrarme, salir de este mundo.
Amanecer tirado en una esquina la mañana en que el cambio haya llegado,
luego de haber peleado la noche anterior hasta perder de la memoria todo lo que importa.
Quiero aspirar todo el oxígeno del mundo.
Volar por encima de las ciudades y no bajar nunca más en la vida.
Golpear una muralla hasta que mis nudillos sangren,
o mejor aún, la cara de algún cristiano estúpido que mida más de uno ochenta.
Beber hasta vomitar mis intestinos.
Encontrar la respuesta de la vida en el fondo de un callejón solitario.
Bailar en círculos concéntricos alrededor de una pira monumental,
invocando lluvia ácida.
Ahogarme en una mezcla de bilis lujuriosa.
Hundirme en el sabor del chocolate y las lacrimógenas.
Dejarme los trozos del cuerpo tirado, como migajas de un macabro trozo de pan.
La memoria lo primero, y los ojos al final.
Quiero dormir eternamente
Vaciar mi cabeza de las razones y las especulaciones.
Darme un tiro y pintar la pared con mis sesos.
Lo que sea para desaparecer. Para estar solo. Realmente solo, sin ti.
La cama se mueve, de un lado para el otro. Estoy acostado pero no dejo de balancearme. Apostaría a que es el miedo el que me tiene aquí, mareado, confundido. Esta noche he aceptado tres veces mi situación actual, y aun así, las interpretaciones del miedo me marean. La habitación se hace más grande, se eterniza en medio del frío y la oscuridad. La luz que queda acá es opaca, es una broma, y la que transformaba en primavera el invierno ya no está. Se fue cuando cerraste los ojos.
Me pregunto si
seré
el único que
aún
da de comer
a esa media docena de peces
que viven
allá
donde fluyen tus sentimientos.
No era la primera vez que Zero se despertaba con el cuerpo golpeado y maltratado, pero esta vez fue diferente.
Por primera vez, Zero se sintió inconsciente de su bajo numero, en la compañía de su nueva amiga, se sentía tan importante como un tres, o incluso, un cuatro.
Pero la mas maravillosa sensación era el sentido de pertenencia.
Toda una vida de soledad se desvaneció en el pasado...
Y en este mismo instante se silencian las bandas juveniles,
se acaba el olor a lacrimógena.
Me acerco, siento tu piel en mi cara,
toco con mi mano tu cintura.
Y ruego por que este momento dure para siempre.
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