Punto Final
Dueles como un punto final
luego de un verso sin terminar.
Pero incluso a los finales abruptos
uno se puede acostumbrar.

Dueles como un punto final
luego de un verso sin terminar.
Pero incluso a los finales abruptos
uno se puede acostumbrar.
La luna se me murió
aunque no creo en los ángeles.
La copa final transcurre
antes de la sed que sufro.
La grama azul se ha perdido
huyendo tras tu velamen.
La mariposa incendiando
su color, fue de ceniza.
La madrugada fusila
rocío y pájaros mudos.
La desnudez me avergüenza
y me hace heridas de niño.
El corazón sin tus manos
es mi enemigo en el pecho.
Yo no vivo, yo ardo,
yo no lloro, yo lluevo,
yo no escribo, yo destilo.
Y así todo todo el tiempo.
Me he entrenado años.
He leído, he mirado, he peleado.
Me he detenido en el silencio a escuchar su magnitud.
El no saber es complicado. Aprender a no saber más aún.
Es frío y poco reconfortante. Es callado, no hace ruido.
En el silencio me he quedado, y he aprendido con temor, que es oscuro e infinito.
Pero sin embargo, he aprendido a convivir con esto.
He aprendido a convivir con mi enorme ignorancia.
Con mi eterna ignorancia.
Pero hoy no tengo idea quién eres.
Y eso me deslumbra.
Muérdete la lengua, lo prometiste.
Es mejor no responder si no tienes algo inteligente que decir.
Te regalaría mis ojos pero más palabras no.
Más palabras no?
saqué mas cervezas y nos sentamos. el rumor de la radio del coche patrulla atravesaba las paredes. dos chavales de veintidós años con revólveres y porras iban a tomar una decisión inmediata basándose en dos mil años de cristianidad estúpida, homosexual y sádica.
no es extraño que se sintiesen a gusto con el uniforme, la mayoría de los policías son empleaduchos de clase media baja a quienes se les da un poco de carne para echar en la sartén y una mujer de culo y piernas medio aceptables, y una casita tranquila en MIERDALANDIA... son capaces de matarte para demostrar que Los Angeles tenía razón, le llevamos con nosotros señor, lo siento, señor, pero tenemos que hacerlo, señor.
dos mil años de cristianismo y ¿cómo acabamos? radios de coches patrullas intentando mantener en pie mierda podrida, y ¿qué más? toneladas de guerra, pequeñas incursiones aéreas, asaltos en las calles, puñaladas, tantos locos que llegas a olvidarlos, simplemente corren por las calles, con uniformes de policías o sin ellos.
Bukowski en "La máquina de follar"
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