Penumbra Pensante

Esa necesidad inaguantable de escribir incluso en el peor momento, en el de más apuro, en el de menos tiempo. De gritarle al mundo que eres el peor y que lo pasas peor, de decir lo que nadie ha dicho y nadie dirá porque te pasa sólo a ti, y, poniéndonos serios, sólo pasa en tu cabeza. De mandar al resto de los millones de seres que se hacen llamar humanos un ratito a la mierda porque no te llegan a los talones cuando estás arriba de la montaña de tu ego. Porque son invisibles en su uniformidad, cada uno más parecido al anterior. Porque no importan, y porque los que importan no están contigo. Porque los que importan, ahora mirándolos a la distancia, nunca importaron, y las razones que los hacían importantes no eran más que ideas que el chocolate puso en tu cabeza.

La necesidad de botar lo que tengo adentro, que crece cada día y me rebalsa hasta hacerme escribir. De poner en palabras lo que hace sinapsis en esta cabeza loca que no quiere entender que no ha nacido para esto, ni para lo otro, ni para lo anterior. Que está solo y que está hecho para estar solo, que ya somos muchos y la reproducción de la especie no cabe en este cuento. Poner en palabras la rabia que corre por este cuerpo de una forma en la que suene bonito y se lea correctamente. La rabia que me despierta cada mañana odiando a mis congéneres, a la historia, a los errores que repetimos estúpidamente generación tras generación, mientras seguimos sin comprender que el plural importa más que el singular. La Rabia contra la que me ha dejado aquí, obligándome a dormir con mi soledad. La rabia contra mí, que no puedo dejarla ir. Ni a ella, ni a la soledad.

Esa necesidad que te viene en cualquier momento, estés duchándote o teniendo sexo desenfrenado. O ambos incluso. Ese necesidad de dejar algo tras de ti, algo que perdure. Porque tan solo la muerte la tengo asegurada, y no quiero que me olviden, aunque sé que no me recordaran. La necesidad de crear algo que dure para siempre ya que yo no lo haré, ni mis hermanos tampoco, dicho sea de paso. De que mi cara esté estampada en remeras de chicos que no tienen idea que es lo que en verdad pensaba cuando escribía sobre esta necesidad. La trascendencia fundamental, que por supuesto no llegará, pero en la que debo confiar para que este diario vivir de pequeñas calamidades valga la pena. Para pasar por alto el daño estructural con el que nací, y que el cataclismo personal de hace algunos meses solo dejó al descubierto.

La necesidad de ser alguien. De apartarme de la tribu. De superar “la melancolía de vivir en este mundo y de morir sin una estúpida razón”.

La necesidad de vomitar las ideas como si estuviera ebrio, porque en efecto estas ideas embriagan, y me requiero consciente para mirarle la cara a mi madre y decirle lo que quiero de verdad. Decirle que en noches como esta la necesidad es abrumante. Mirarla a los ojos y confesarle que, antes del alba, todo lo que quiero es escribir.

El Amor Viene y Va [Extracto]

Decidido a pasar página relajé mi conciencia,
sequé las lágrimas vertidas por la providencia,
rapeando y retratando la existencia
como única estrategia para olvidar mis carencias.
Y alcancé la paz, con la soledad de aliada,
porque antes que sentir dolor mejor no sentir nada,
hasta que un hada apareció de repente en mi mente,
iluminando un corazón inerte.
Me habló y me dijo, que él nunca se va para siempre,
que el amor camina libre como el alma de la gente,
que no entiende de añoranzas ni lamentos,
que solo vuelve cuando siente que llego el momento.
Ahora sé que el amor fuera de nosotros solo es viento,
necesita de un cuerpo donde hallar cobijo y tiempo
para madurar, mientras nos murmura
voces de luz pura, infinita, que invitan a levitar.
Pero es caprichoso y marcha en busca de aventura,
dejando el alma desnuda en manos de la Locura.

[Nach]

Lo que debería ser claro como el agua

No deberías agradecer ni el tiempo ni las fechas.
Pues el tiempo es relativo y, por supuesto, recuerdo las fechas.
Lo único que tengo son las fechas.

A lo que vinimos

Nace, crece, llora.
Finge, miente, disfruta
Rompe, ríe y Grita.

Sangra, salta, eyacula.
Bebe, baila, mastica.
Come, corre y Vomita.

Corta, ama, menstrúa.
Desviste, odia, venera.
Arruina, olvida y Predica.

Obsequia, pelea, aplica.
Ilumina, pierde, apuesta.
Posee, objeta y Critíca.

Destaja, aterra, espera.
Piensa, concentra, tortura.
Sueña, construye y Forníca.

O no es eso a lo que todos vinimos?

FC1

No hay nada nada más equitativamente repartido en el mundo que la razón: todos creen tener suficiente.


[Descartes]

Perdóname, pero...

No soy yo, créeme, te lo juro. Y yo nunca juro, eso lo sabes bien.
Es el otro. Ese que tiene mi cara y huele mejor que mi.
Ese que llega una vez cada seis meses y pisotea mis castillos de arena.
Solo que esta vez se quedó más tiempo y ahora lucho contra él.
Pero créeme, es el otro, no soy yo.

Es ese que me convence que es el dueño de mi vida, mi personaje principal, mi mejor caracterización.
Es ese que le aulla a la luna y hace que la melancolía se sienta hasta bien.
El que puede subsistir con una vida en base a carroña y el muy gracioso me invita a cenar noche por medio.
El del pelaje brillante y aliento a soledad que llama la atención de las chicas en las fiestas.
Como lo hizo contigo para luego irse de vacaciones por un hermosa temporada.

Pero, nena, de verdad, no soy yo, es él.
Solo que esta vez el tipo tomó un viaje solo de ida y se quedo a hacerme compañia
Pero no me mires tan mal, no temas. Recuerda que esto no es nuevo.
Recuerda que esto pasa porque una vez más no quisiste quedarte aquí.
Recuerda que tú pateaste la jaula, le soltaste las patas y lo llamaste a jugar.
Y que no supieras esta vez no es una excusa.

Pero no temas, okey?
Tomara mi lugar solo durante un tiempo, no demasiado largo.
Tán solo el suficiente para lamerme las heridas. Para sentirme algo egoísta otra vez.
Para mirarte sobre el hombro tal como lo merecemos.
Hasta que tu cuerpo sea espejo de las cicatrizes en el mio.

No temas, es sólo un tema de compañia.
Recuerda que no soy yo.
Yo ya no estoy aquí.

Crepúsculo

Hora de soledad y de melancolía,
en que casi es de noche y casi no es de día.
Hora para que vuelva todo lo que se fue
hora para estar triste, sin preguntar por qué.

Todo empieza a morir cuando nace el olvido.
Y es tan dulce buscar lo que no se ha perdido...
¡Y es tan agria esta angustia terriblemente cierta
de un gran amor dormido que de pronto despierta!

Viendo pasar las nubes se comprende mejor
que así como ellas cambian, va cambiando el amor,
y aunque decimos: ¡Todo se olvida, todo pasa...!
en las cenizas, a veces nos sorprende una brasa.

Porque es triste creer que se secó una fuente,
y que otro bebe el agua que brota nuevamente:
o una estrella apagada que vuelve a ser estrella,
y ver que hay otros ojos que están fijos en ella.

Decimos: ¡Todo pasa, porque todo se olvida...!
y el recuerdo entristece lo mejor de la vida.
Apenas ha durado para amarte y perderte
este amor que debía durar hasta la muerte.

Fugaz como el contorno de una nube remota,
tu amor nace en la espiga muriendo en la gaviota.
Tu amor, cuando era mío, no me pertenecía.
Hoy, aunque vas con otro, quizás eres mas mía.

Tu amor es como el viento que cruza de repente:
Ni se ve, ni se toca, pero existe y se siente.
Tu amor es como un árbol que renunció a su altura,
pero cuyas raíces abarcan la llanura.

Tu amor me negó siempre lo poco que pedí,
y hoy me da esta alegría de estar triste por ti.
Y, aunque creí olvidarte, pienso en ti todavía,
cuando, aun sin ser de noche, deja de ser de día.

[J.A. Buesa]